domingo, 12 de noviembre de 2017

Literatura, ciencia y robotización

En el Diccionario de Autoridades (1611) de Sebastián de Covarrubias, Literatura se define como el “conocimiento y ciencia de las letras”. Covarrubias define así el significado de Letras: “Se toma muchas veces por las ciencias, artes y erudición”.

Es decir, hasta hace unos siglos Literatura englobaba a Ciencia, Tecnología y Arte. No resultaría extraño, por ello, que por ejemplo el término Robot tenga origen en una obra literaria.

No estoy en contra de la robótica. Para nada. Menos cuando el término robot salió de la fantasía, de la literatura, de la mente de un escritor y filósofo checo llamado Karel Capek.  Déjenme contarles la historia.

Karel Capek, quien nació en Praga el 9 de enero de 1890 y quien fue uno de los escritores en lengua checa más importantes del siglo XX, publicó hacia 1920 una obra teatral titulada R. U. R. (Robots Universales Rossum).

¿De manera que la robótica la inventó un escritor, un novelista? Bueno, no exactamente. Karel Capek simplemente popularizó la palabra robot, que en checo originalmente significaba o era un sinónimo de esclavitud y que sigue estando asociado a trabajos forzados. Cuando la obra teatral de Karel Capek, R. U. R. (Robots Universales Rossum), se estrenó en Praga (que para entonces una era una ciudad bullente de cultura, con sus palacios y puentes magníficos sobre el Moldava, afluente del Elba, y en donde por esos mismos momentos escribía Franz Kafka su Metamorfosis), cuando se estrenó con tanto éxito Robots Universales Rossum, digo, compañías extranjeras de inmediato la estrenaron a su vez en los mejores teatros de Londres y de Nueva York.  Desde entonces la palabra robot se popularizó para simbolizar aquellos aparatos tan útiles. La obra de Capek, naturalmente, puso en escena robots. La obra consiste en una empresa que construye humanos artificiales orgánicos con el fin de aligerar la carga de trabajo del resto de la sociedad. No está nada mal. En la obra aparecían los primeros actores haciendo el papel de robots.

Con lo anterior, quisiera dejar en claro dos cosas. 

La primera es que, por lo general, sin imaginación literaria ni reflexión filosófica ningún proyecto científico o tecnológico ha podido llevarse a cabo –la eficiencia de la ciencia y de las ingenierías en otros países europeos o en Estados Unidos, sin ir más lejos, se debe a que las humanidades –la historia, la literatura, la filosofía– han merecido igual respeto y jamás se despojaron de su importancia. Hay quienes se quejan de que Hispanoamérica no sea tan desarrollada como Europa en términos sociales y en eficacia tecnológica. Tomamos un avión y en 9 horas estamos en París en Frankfurt, pero nos separan siglos de historia –mejor aún, de su conciencia histórica, lo cual es algo que no se puede acelerar o alcanzar importando meramente la técnica, sino estudiando las bases culturales (literarias y filosóficas) que hicieron posible dicha técnica. Dicho de otro modo: la ciencia y la tecnología necesitan de la inspiración del poeta, de la imaginación de un novelista, de la reflexión del filósofo y, ante todo, de la crítica, puesto que sin conciencia crítica nada nuevo puede crearse. Sin esta conciencia crítica, que implica un respeto por el prójimo a la manera del cristianismo más elemental (amarás al prójimo como a ti mismo), viviremos en el conformismo y en el desprecio más absoluto.



En segundo lugar, por más robotizada que esté nuestra sociedad (entendida el adjetivo robotizado como alienado, es decir, sometida la población a trabajos forzados y hasta auto-esclavizada por su propio gusto –hay que ver cómo nos pasamos horas y horas frente a la compu o al celular: trabajando gratuitamente para los algoritmos y cifras y records de visita de las grandes multinacionales, Facebook, WhatsApp, Google), a pesar de todo, digo, nuestra sociedad robotizada es, ante todo, una gran consumidora de productos culturales. La industrial cultural o del entretenimiento es la más rentable del mundo.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Ensayo hispanoamericano del siglo XX (curso-taller)


En el Museo de Arte San Pedro, en el centro histórico de la ciudad de Puebla, he sito invitado por la Secretaria de Cultura a dar un taller sobre Ensayo hispanoamericano del siglo XX. 

Lo primero que he querido aclarar ha sido el significado de la palabra taller. Vimos que viene del francés atelier y que tiene la misma raíz que "astilla", con lo cual una traducción literal podría ser astillero, es decir, aquel lugar en donde se hacen barcos (ver etimología). En catalán, lengua de mar, sigue hasta cierto punto conservando dicho significado.  

Con esta divagación (de divagaciones están hechos los ensayos) quisiera empezar aclarando que mi aproximación o método de exposición es una guía-tertulia-taller. Guía de lectura; tertulia o comentario libre de tales lecturas, y posterior taller (fabricación del barco en el astillero) para navegar con un escrito propio el mar del ensayo. 

Dado que nuestro lugar de enunciación es México, no hay mejor modo de empezar un curso sobre el ensayo hispanoamericano del siglo XX que leyendo Visión de Anáhuac. 1519, de Alfonso Reyes, publicado en 1917. Lo selecciono en razón de que dicho ensayo abre nuevos horizontes de posibilidades literarias del género merced al cubismo; también porque se despide, al mismo tiempo, de varios idealismos y utopías decimonónicas merced al futurismo. Es una época de vanguardias la que Reyes vive a plenitud en España.  Posteriormente leeremos El laberinto de la soledad (1950), de Octavio Paz.


Añado el programa de nuestra curso: 

Ensayo hispanoamericano del siglo XX

Imparte: Dr. Sebastián PinedaBuitrago 

Horario: jueves de 17:30 a 19:30 horas.



Objetivos


Familiarizar al estudiante con la importancia del ensayo dentro la literatura hispanoamericana del siglo XX a través de sus principales exponentes, poniendo énfasis en Alfonso Reyes (1889-1955) y Octavio Paz (1914-1998). Se trata de tender un puente, a través de dichos ensayistas, entre la crítica literaria y la historia social y política, relacionándolos también con otros “campos culturales” en los que se desarrolla la literatura hispanoamericana: periodismo cultural, ámbito editorial, políticas culturales, relaciones internacionales, etc. 

Metodología
El curso se dividirá en dos segmentos principales. En el primero se hará una lectura directa de un corpus escogido de ensayos de Alfonso Reyes (principalmente, Visión de Anáhuac, El suicida y Las vísperas de España), con el fin de trazar un puente entre el género narrativo y el poema en prosa. La obra de Reyes tiende también un puente entre México y España, lo que permite a su vez entender el contexto de la Revolución mexicana y de la Primera Guerra Mundial, así como, posteriormente, de la Guerra Civil española.

En el segundo segmento se hará una lectura minuciosa de algunos ensayos de Octavio Paz como El laberinto de la soledad, junto con otros textos relacionados, con la intención de contextualizar el interés por la identidad mexicana o “latinoamericana” luego de las dos guerras mundiales. La lectura de El arca y la lira y Los hijos del limo, por otra parte, permitirá entender la constante lucha entre racionalismo versus fantasía dentro de la historia literaria, sin olvidar el contexto político mexicano –el régimen del PRI, la masacre del 68, la Guerra Fría, etc. –de la segunda mitad del siglo XX.

Sistema de evaluación

Quien lo desea podrá elaborar un trabajo monográfico que corresponda respectivamente a los dos segmentos del curso: sobre un aspecto de la obra de Alfonso Reyes y sobre algún aspecto de la obra de Octavio Paz. Las características se fijarán oportunamente a partir de una entrevista con el profesor.

Contenido

1.      Breve historia del ensayo hispánico: de la crónica a la prosa de ideas.

La historia del ensayo hispanoamericana podría remontarse a las primeras crónicas de Indias (Bernal Díaz del Castillo, Bartolomé de las Casas, Pedro Cieza de León, etc.), pasando por los tratadistas o moralistas del Siglo de Oro (Fray Luis de Granada, Baltasar Gracián, Quevedo, etc.) hasta los escritores de la era republicana del siglo XIX, como Andrés Bello, Domingo Faustino Sarmiento o Justo Sierra. Sin tal tradición sería inexplicable la originalidad de Alfonso Reyes y Octavio Paz. El ensayo moderno fusiona la crónica y el tratado con la poesía, es decir, combina la acción o narración de los hechos con su reflexión o meditación, y expone las ideas con cierta intención estética o poética.

2.      Contexto de la obra principal de Alfonso Reyes

Alfonso Reyes escribe sus ensayos más creativos cuando se exilia en España a causa de la Revolución mexicana y vive en Madrid entre 1914 y 1924. Tres de sus libros, en especial, merecen un estudio a profundidad: a) Visión de Anáhuac, porque pone de manifiesto la fusión entre narrativa-poesía o prosa-poética, así como la importancia del paisaje en la configuración cultural de la identidad hispanoamericana; b) El suicida (acaso su ensayo más filosófico), porque trata de la vitalidad y el optimismo en medio de la Primera Guerra Mundial en Europa; c) Las vísperas de España, por último, porque permite un diálogo con los escritores españoles de la época, como Ortega y Gasset, Valle-Inclán, Miguel de Unamuno, Juan Ramón Jiménez, entre otros. La obra de Reyes, en general, interviene en el periodismo de la época y construye una red intelectual que se extiende hasta Argentina (país en el que fue embajador), en donde se tiene como un maestro de Jorge Luis Borges.

3.      Contexto de la obra principal de Octavio Paz

Octavio Paz publica la primera edición de El laberinto de la soledad en 1950, pero a lo largo del tiempo le añade numerosas rectificaciones y posdatas. Es, como se dice en inglés, un work in progress que desde un principio levantó profundas polémicas sobre el nacionalismo mexicano. En tal ensayo, además de analizarse el estilo poético como estrategia retórica, se pueden examinar diversas etapas de la cultura mexicana como la migración a los Estados Unidos, el mestizaje, el centralismo, etc. Por otra parte, El arco y la lira y Los hijos del limo invitan a una reflexión sobre las vanguardias poéticas del siglo XX en medio del conocimiento demasiado racionalizado o institucionalizado, lecturas que pueden complementarse con un texto de la ensayista española María Zambrano, Filosofía y poesía. Por último, como lectura complementaria, El ogro filantrópico ofrece rutas para investigar las políticas culturales de la era contemporánea. 

Lecturas básicas:

Reyes, Alfonso, Visión de Anáhuac / Vísperas de España, en Obras completas II, FCE, México, 1997. 
–––––––––––––, El suicida, en Obras completas III, FCE, México, 1996.
–––––––––––––, Simpatías y diferencias, en Obras completas IV, FCE, México, 1996. 

Paz, Octavio, El laberinto de la soledad, FCE, México, 2005.
––––––––––, Los hijos del limo, Seix Barral, Barcelona, 1974.
––––––––––, El ogro filantrópico: historia y política, Joaquín Mortiz, México, 1979.

Lecturas complementarias:

Ortega y Gasset, José, Meditaciones del Quijote, ed. de Julián Marías, Cátedra, Madrid, 1998.
_____________________, El Espectador, Obras completas II, Alianza-Revista de Occidente, Madrid, 1983.
Rodó, José Enrique, Ariel-Motivos de Proteo, Fundación Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1993
Unamuno, Miguel de, Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos, ed. de Nelson Orringer, Editorial Tecnos, Madrid, 2005.
Zambrano, María, Filosofía y poesía, FCE, México, 1997.


Bibliografía sobre A. Reyes:


García, Carlos (ed.), Discreta efusión. Jorge Luis Borges y Alfonso Reyes. Epistolario (1923-1919) y crón´ica de una amistad, ed. de Carlos García, El Colegio de México-Bonilla Artigas Ediciones, México, 2010.

Martínez, José Luis (ed.), Alfonso Reyes / Pedro Henríquez Ureña. Correspondencia I. 1907-1914, FCE, México, 2004.
Borges, Jorge Luis, “Cómo conocí a Alfonso Reyes”, Boletín de la Capilla Alfonsina 28, México, abril-diciembre de 1973, pp. 47-50. 
Castañón, Adolfo, Alfonso Reyes. El caballero de la voz errante, UANL, Monterrey, 2012.
García Morales, Alfonso, “Alfonso Reyes en España. Salvaciones del exilio, perdiciones de la diplomacia”, en Viajeros, diplomáticos y exiliados en España (1914-1939), ed. de Carmen de Mora y Alfonso García Morales, vol. 1, Peter Lang, Bruselas, 2012, pp. 111-131.
Gutiérrez Girardot, Rafael, Ensayos sobre Alfonso Reyes y Pedro Henríquez Ureña, ed. de Juan Guillermo Gómez García, Diego Zuluaga Quintero y Andrés Arango, El Colegio de México, México, 2014.
Ibieta, Gabriela, “Alfonso Reyes como precursor de las vanguardias en Hispanoamérica”, Chasqui; revista de literatura latinoamericana, vol. 10, No. 2/3 (Feb.-May., 1981), pp. 47-53.
Myers, Jorge, “El intelectual-diplomático: Alfonso Reyes, sustantivo”, en Historia de los intelectuales en América Latina II. Los avatares de la ciudad letrada, ed. de Carlos Altamirano, Katz Editores, Buenos Aires-Madrid, 2010, pp. 82-87.
Pacheco, José Emilio, “Alfonso Reyes en Madrid (1914-1924)”, en Alfonso Reyes en Madrid. Testimonios y homenaje, ed. de Alfonso Rangel Guerra, Fondo Editorial de Nuevo León, Monterrey, 1991.
Paz, Octavio, “El jinete del aire: Alfonso Reyes”, Generaciones y semblanzas. Dominio mexicano, Obras completas 4, ed. de autor, Círculo de Lectores-FCE, México, 2006.
Perea, Héctor, La caricia de las formas: Alfonso Reyes y el cine, Universidad Autónoma Metropolitana, México, 1988.
Pineda Buitrago, Sebastián, (ed.) Alfonso Reyes, Comprensión de España, Casimiro, Madrid, 2014.
–––––––––––––––––––––––– “Comprensión de España en clave mexicana. Alfonso Reyes y la Generación del 14”, en Revista de Hispanismo Filosófico (núm. 19, año 2014), Asociación de Hispanismo Filosófico-FCE, Madrid, 2014, pp. 11-32. 
Pineda Franco, Adela; Sánchez Prado, Ignacio (eds), Alfonso Reyes y los estudios latinoamericanos. Universidad de Pittsburgh, 2004.
Quintanilla, Susana, Nosotros. La juventud del Ateneo de México. De Pedro Henríquez Ureña y Alfonso Reyes a José Vasconcelos y Martín Luis Guzmán, Tusquets, México, 2008.
Stanton, Anthony “Poesía y autobiografía en un momento de la obra de Alfonso Reyes (1908-1916), en NRFH, Tomo LXI, núm., 2, jul-dic., 2013, pp. 521-556.
________________, “Poesía y poética en Alfonso Reyes”, NRFH, XXXVII (1989), no. 2., p. 621.
Willis Robb, El estilo de Alfonso Reyes. Imagen y estructura, FCE, México, 1978.
___________, “La cena de Alfonso Reyes, cuento onírico: ¿surrealismo o realismo mágico?, en revista Thesaurus, tomo XXXVI, núm., 2 (1981), Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 1981, pp. 272-283.



Bibliografía sobre Octavio Paz


Faber, Sebastián en “Silencio y tabúes del exilio español en México: Historia oficial vs. Historia oral”, Espacio, tiempo, forma, Serie V, Historia contemporánea, t. 17, 2005, pp. 379-389.
Jaimes, Héctor (coord..), Octavio Paz: la dimensión estética del ensayo, Siglo XXI Editores, México, 2004.
González Torres, Armando, Las guerras culturales de Octavio Paz, El Colegio de México, 2014.
Gutiérrez Girardot, Rafael, Provocaciones, Ariel, Bogotá, 1989.
Rico Moreno, Javier, La historia y el laberinto: hacia una estética del devenir en Octavio Paz, Bonillas Artigas-UNAM, México, 2013.
Stanton, Anthony, El río reflexivo: poesía y ensayo en Octavio Paz (1931-1958), FCE-El Colegio de México, 2015.
­­–––––––––––––––– (coord.), Octavio Paz: entre poética y política, El Colegio de México, 2009.





Bibliografía general sobre el ensayo hispanoamericano


Arciniegas, Germán, “Nuestra América es un ensayo”, en revista Anthropos, n. 234, ed. de Sebastián Pineda Buitrago, pp. 45-53, Barcelona (España).
Aullón de Haro, Pedro, Teoría del ensayo, Verbum, Madrid, 1992.
Barrera Enderle, Víctor, La otra invención: ensayos sobre crítica literaria y literatura de América Latina, Fondo estatal para la cultura y las artes de Nuevo León, Monterrey, 2005. 
–––––––––––––––––––––––, La reinvención de Ariel. Reflexiones neoarielistas sobre posmodernidad y humanismo crítico en América Latina, Conarte, Monterrey, 2013.
Borges, Jorge Luis, Prosa completa 2, Bruguera, Barcelona, 1985. Obras completas, vol. II, Emecé, Buenos Aires, 1996.
________________, Otras inquisiciones, Emecé, Buenos Aires, 1964.
––––––––––––––––, Textos recobrados (1919-1929), ed. de Sara Luisa del Carril, Emecé, Buenos Aires, 1997.
Fuentes, Víctor, “Revistas literarias: desde los orígenes al presente”, en Enciclopedia del español en los Estados Unidos, Anuario del Instituto Cervantes, ed. de Humberto López Morales, Instituto Cervantes-Santillana, Madrid, 2009, pp. 555-562.
Granados, Aimer (coord..), Las revistas en la historia intelectual de América Latina: redes, política, sociedad y cultura, UAM, Cuajimalpa, México, 2012. 
Gutiérrez Girardot, Rafael, El ensayo en lengua española en el siglo XIX, trad. de Juan Guillermo Gómez García, GELCIL-UNAULA, Medellín, 2012.
––––––––––––––––––––––––, Temas y problemas de una historia social de la literatura hispanoamericana, Ediciones Cave Canem, Bogotá, 1989.
Guzmán, Martín Luis, La querella de México, Planeta-Conaculta, 2002.
Henríquez Ureña, Pedro, Ensayos, ed. de José Luis Abellán y Ana María Barrenechea, Archivos, París, 1998.
Katz, Friedrich, The Secret War in Mexico. Europe, The United States and the Mexican Revolution, The University of Chicago Press, Chicago, 1981.
Krauze, Enrique, Caudillos culturales de la Revolución mexicana, SEP-Siglo XXI, México, 1985.
Millares, Selena, (ed.), Prosas hispánicas de vanguardia. Antología, Cátedra, Madrid, 2013.
Pineda Buitrago, Sebastián, Tensión de ideas: el ensayo hispanoamericano de entreguerras, UANL, Monterrey, 2016.
Weinberg, Liliana, Pensar el ensayo, Siglo XXI Editrores, México, 2006.


miércoles, 8 de noviembre de 2017

El protestantismo: las raíces religiosas de la destrucción ambiental



Santiago Pérez Zapata me regaló un breviario de teología política: El protestantismo y el mundo moderno, del teólogo alemán Ernst Troeltsch, amigo de Max Weber y de Heidegger. (El título original es Die Bedeutung des Protestanismus für die Entsehung der modernen Welt, con lo cual la traducción literal sería El significado del protestantismo para el entendimiento del mundo moderno. La traducción es de Eugenio Ímaz, FCE, México, 1951, reimpresión, 2013).
  
 Una vez que lo leí me asaltó la pregunta de si las raíces religiosas de la destrucción ambiental, de la expansión sobre la superficie terrestre de la presencia humana a través de megalópolis, no habría que buscarlas justamente a partir de Lutero.   


El horizonte de iglesias y conventos de la ciudad medieval ha sido reemplazado por el de chimeneas y rascacielos. Semejante civilización industrial no ha podido llegar a reinar sin un determinado trasfondo espiritual. En su penetrante investigación, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Max Weber demostró que éste no se produjo por sí mismo con los inventos industriales, con los descubrimientos y con las ganancias mercantiles. Se produjo tras la tajante separación con la Iglesia católica, que impuso primero Lutero en 1517 y un poco después, en el mismo siglo, Calvino.

Ernst Troeltsch (1865-1923) comienza por decir que la cultura moderna no es sino la lucha contra la cultura eclesiástica: “Fúndese como se funde, todo lo domina la autonomía frente a la autoridad eclesiástica, frente a las normas divinas directas y puramente exteriores. […] Sólo el catolicismo riguroso se mantiene apegado a la vieja idea de autoridad y queda agitándose en el mundo moderno como un enorme cuerpo extraño.” (p. 17). Como si el mar se hubiera retirado, las catedrales católicas son ballenas varadas en la desolada playa espiritual de lo estatal y burocrático. Ya no asustan a ningún Jonás.

Como nada firme se puede fundar en la tolerancia democrática y en la proliferación de opiniones, la religión del progreso encontró en la ciencia, en sus fundamentos científico-naturales, los recursos nuevos para dominar espiritual y técnicamente al hombre. Sí: a punta de chips, cámaras y satélites.

La cultura moderna no es sino la lucha contra la cultura eclesiástica: “Fúndese como se funde, todo lo domina la autonomía frente a la autoridad eclesiástica, frente a las normas divinas directas y puramente exteriores. […] Sólo el catolicismo riguroso se mantiene apegado a la vieja idea de autoridad y queda agitándose en el mundo moderno como un enorme cuerpo extraño.” (p. 17). La consecuencia inmediata de una autonomía semejante es, necesariamente, un individualismo creciente de las convicciones, opiniones, teorías, fines prácticos […] proliferación de toda clase de opiniones humanas:

“En lugar de la infalibilidad divina y de la intolerancia eclesiástica tenemos, necesariamente, la relatividad y tolerancia humanas. Mientras se fueron buscando normas objetivas y posiciones seguras frente a la pura arbitrariedad subjetiva, no se encontró ningún otro medio que el de la ciencia, la cual, en virtud de sus fundamentos científico-naturales, radicalmente nuevos frente a la Antigüedad y la Edad Media, proporcionó los recursos nuevos de una orientación metódica sólida y del dominio técnico de la naturaleza. En vez de la revelación gobernó la ciencia.” (p. 18).

Aquí se explica muy bien cómo, para escapar de la sociedad discutidora, la modernidad tuvo que fundarse en el carácter científico-racionalista, en el sistema natural-racional de las ciencias, desplazando o marginando a las artes y a las disciplinas del espíritu. Frente al vacío por lo humano o espiritual, este mismo carácter científico-racionalista del mundo moderno poco a poco fue engendrando el socialismo, es decir, una tendencia de izquierda, social y aparentemente más humana, sin que en ningún momento pactara con la cultura autoritaria de la Iglesia católica. Por el contrario, según Troeltsch, tal reacción socializante se aleja aun más de lo eclesiástico y restaurador por lo mismo que se funda  en el moderno principio de la creación autónoma y consciente del orden humano.

La fe en el progreso, el afán de trabajo siguen siendo teologías diluidas, o mejor, inyecciones del calvinismo principalmente, con algo de luteranismo de fondo, sin exceptuar todos los cismas medievales.   

Los expansión de Estados Unidos, durante el siglo XIX y XX, asumió la idea de una “inferioridad católica” sobre los países latinos. 

Desde el siglo XVI el luteranismo fue eliminando de varios puntos de Europa el culto a Nuestra Señora. La ética sexual protestante, al destronar de la imagen de la Virgen, influyó notablemente en el aumento de las cifras de población. Inyectó, a través de una teología diluida, la fe en el progreso. Si hay una religión en el mundo moderno está se halla determinada esencialmente por el protestantismo. En ella, sin embargo, no han desaparecido los ritos religiosos. Hay una religión civil al servicio de presidentes, ministros y funcionarios a quienes hay que servirles. Si los antiguos monjes se flagelaban en sus celdas, los modernos burócratas se mortifican en el tráfico de ciudades populosas. Odian el mundo interior y exterior. Carecen de espíritu y de amor a la naturaleza. Muestran, por el contrario, una voracidad insaciable. No hay río que no contaminen, bosque que no talen, laguna que no sequen, aire que no envenenen.  

Ha sido posible vislumbrar el problema religioso de la contaminación ambiental. Pero de ningún modo el hombre moderno va a aceptar como solución el abandonar la religión del progreso. Por el contrario, la misma fe en el progreso conlleva –se nos dice– al llamado desarrollo sostenible o sustentable. Porque el progreso es imparable: si el olor de tal río es nauseabundo se canaliza y se tapa de concreto; si hay más dinero, se construye una planta de tratamiento de aguas residuales. La idea es no parar. El mandato del capitalismo es la producción por la producción. 

sábado, 28 de octubre de 2017

El imperialismo catalán





Acaso por tantos turistas –es de las ciudades más visitadas del mundo– Barcelona se ha vuelto también una de las ciudades más frívolas. Vista desde Hispanoamérica (¿la periferia?), Europa es un reguero de frivolidades. De otra manera resultaría inexplicable la frivolidad de aquel “nacionalismo independentista”, caracterizado por un pensamiento banal, carente de ideas, frágil e insolidario. 

El nacionalismo catalán, en su negación a España, es también una negación a Hispanoamérica por cuanto rechaza nuestra lengua en común. El crecimiento del español beneficia y favorece la supervivencia del catalán en cuanto lengua romance, como la del italiano, el francés, el portugués, el rumano... Para empezar, aclaremos que en el actual independentismo catalán no hay imperialismo sino algo mucho peor, es decir, nacionalismo. Un aforismo de Eugenio d’Ors –uno de los mejores escritores nacidos en Barcelona– nos aclara esta diferencia:

«Nacionalismo y Liberalismo se corresponden. Su lema común: "Cada uno en su casa y Dios (o, mejor dicho, el Diablo, es decir, la guerra), en la de todos". Imperialismo, en cambio, se conjuga a política de autoridad. De la suerte de otros, tú eres responsable. Ni tu deber ni tu derecho se terminan en las fronteras de tu Estado, en el contorno de tu individualidad.»
[1]

Eugenio d'Ors, por cierto, fue a comienzos del siglo XX el principal impulsor de la cultura en Barcelona a partir de la Mancomunitat de Cataluña. Fundó todo tipo de bibliotecas y hasta llegó a influir en José Vasconcelos, quien hizo lo mismo desde la Secretaría de Educación Pública de México. Los "gestecillos de aldea" (la expresión es de Ortega) de los más envidiosos, sin embargo, expulsaron a d'Ors de su natal Cataluña en 1921, lo mismo que a Vasconcelos de México en 1924. A a partir de 1923, d'Ors  comenzó a residir principalmente en Madrid, París y Buenos Aires. Si no hay una idea de imperio hispano, dijo, sólo habrá aldeas, nacionalismos, republiquetas.

          Hace cien años Lenin confundió el término imperio: lo usó como insulto y acusación. Pero el imperio no sólo sirve para oprimir. Incluso Lenin matizó el suyo como social-imperialismo, y en su momento la URSS llenó de satélites soviéticos el planeta y aun el espacio exterior. ¿Está la Rusia de Putin –preguntémonos– detrás de la independencia de Cataluña en su afán de balcanizar a España? El imperio hispánico –el de la lengua española– es todavía lo único ecuménico (universal) de la Europa continental. 

Con la aclaración del término imperio, como algo generoso y ecuménico y contrario al nacionalismo, Enric Ucelay-da Cal empieza su libro mamotreto El imperialismo catalán: Prat de la Riba, Cambó, d'Ors (Edhasa, Barcelona, 2003). Ucelay-da Cal entiende el surgimiento del imperialismo catalán como una respuesta a la crisis del 98, es decir, como una respuesta al liberalismo fofo y superficial de Madrid. La blandenguería de los políticos de Madrid –como se puede ver en las novelas de Galdós– habían precipitado la crisis del 98. 

Cuando, en 1898, la fuerza naval estadounidense se apoderó de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, el imperio hispánico no se vino abajo.  Ya reducida a segunda fila, España se encapsuló en su península y sacó fuerzas de sí misma.  Fue entonces cuando la unión de la península ibérica, de un nuevo imperio hispánico, quiso hacerse a partir del desarrollo de Cataluña.  La idea de forjar un imperialismo hispano desde Barcelona, en parte, se materializó hasta cierto punto con el impulso editorial. Rubén Darío o Vargas Vila a comienzos del siglo XX, como después a mediados Vargas Llosa o García Márquez, cuatro de los escritores hispanoamericanos más leídos, pasaron largas temporadas en Barcelona.

Prat de la Riba fundó la Lliga de la ideología catalana en su dimensión hispana. Cuando, en octubre de 1908 el joven rey Alfonso XIII y su esposa británica Victoria Eugenia visitaron Barcelona, Prat de la Riba dijo en su discurso de bienvenida: “grandeza y poderío de los Estados y fuerza y vigor de sus libertades locales”. (p. 443). Lo cierto es que lo de “imperialismo catalán” no pasaba de ser una complicada metáfora inventada por Prat de la Riba, que Eugenio d’Ors complicó aún más, pues “hizo una especie de supermetáfora de la combinación de la unidad cultural y el imperio”. (p. 544). La tesis de Derecho de d’Ors, que presentó en 1905 en la Universidad Central de Madrid y que terminó traspapelándose, se titulaba Genealogía del Imperio: Teoría del Estado-Héroe. Aunque había algo del heroísmo de Carlyle, lo que d’Ors planteaba era una génesis del Poder como algo centrífugo, partiendo de un centro y expandiéndose por la periferia. Complicado.

La política en su sentido atomístico se reduce al Estado-policía, es decir, al ideal aldeano. El nacionalismo o aldeanismo institucional de Cataluña acaba y niega toda idea de comunidad panhispánica o de solidaridad con Hispanoamérica. La idea de unidad cultural, según Ucelay-da Cal, ya la había cuestionado Antonio Gramsci en El Risorgimiento, sus notas escritas en la cárcel entre 1929 y 1935. La conciencia de unidad cultural, lo mismo que los de una lengua unitaria, eran elementos sin eficacia práctica – pura retórica patriotera. “Estos elementos –decía Gramsci– son propios de pequeñas minorías de grandes intelectuales y jamás se han manifestado como expresión de una difundida y compacta conciencia nacional unitaria”.[2] Hasta por los teóricos del comunismo, como Gramsci, resulta ridículo una revolución regional.  Pero no olvidemos que toda revolución es expansiva y que, como una peste, brotarán movimientos secesionistas por toda la Europa insolidaria y descristianizada. 

Es de notar que el odio a España alimentó también, en el romántico siglo XIX, la creación artificiosa de las republiquetas hispanoamericanas. Cien años después del Grito de Independencia, el líder agrarista Emiliano Zapata gritaba desde Morelos: “¡Viva la revolución y mueran los gachupines!” Toda revolución, por naturaleza, es anti-hispana. Porque España, como idea, es un katechon que frena la llegada del Anticristo. [3]. 

Entre los más "patriotas" de México, Colombia o Argentina  abundan quienes anhelan secretamente poseer y portar un pasaporte español. Los nacionalistas catalanes deberían reconsiderar, si no desean ser ciudadanos españoles, darle su pasaporte a tanto africano o hispanoamericano encerrado en sus fronteras nacionales. 

  Un poco menos aldeano que el nacionalismo catalán ha sido la sed europeísta de Madrid. Frente a la crisis del 98 un contemporáneo de Eugenio d’Ors, José Ortega y Gasset, consideró que la circunstancia de España era Europa, no América. Sólo que Ortega no reparó en que, dentro de la Unión Europea, España ha quedado desdibujada y todavía más invertebrada. Después de los resultados de las dos guerras mundiales, la URSS y los Aliados (Estados Unidos, Inglaterra y Francia) se repartieron el mundo. La frontera norte del ex imperio hispánico, Cuba y México, practicaron rabiosamente, para defenderse de Estados Unidos, el nacionalismo institucional y revolucionario.  Sin saber, sin embargo, que con ello destruían aún más la posibilidad de reestablecer un panhispanismo o si quiera un latinoamericanismo.

Como corresponsal de la revista argentina Caras y Caretas, en 1916 el uruguayo José Enrique Rodó visitó Barcelona. Por su apellido, Rodó tenía ancestros catalanes. El ensayista uruguayo, que simpatizaba más con los anarquistas que con los socialistas, advirtió lo inevitable mientras caminaba por la Rambla populosa:

«¡Hombres de Cataluña! Equilibrad vuestro entusiasmo con una reflexiva abnegación. Mantened, amad la patria chica, pero amadla dentro de la grande. Pensad cuan dudoso es todavía que el sentido moral de la humanidad asegure suficientemente la suerte de los Estados pequeños. No os alucinéis con el recuerdo de las repúblicas de Grecia y de las repúblicas de Italia. Considerad que no en vano han pasado los siglos y que hoy son necesarias las capacidades de los fuertes para influir de veras en la obra de civilización. ¡Hombres de Castilla! Atended a lo que pasa en Cataluña. Encauzad ese río que se desborda, dad respiro a ese vapor que gime en las calderas. No os obstinéis en vuestro férreo centralismo. No dejéis reproducirse el duro ejemplo de Cuba; no esperéis a que cuando ofrezcáis la autonomía se os conteste que es demasiado tarde.» [4]


Hace falta que un nuevo Rodó nos escriba un nuevo Ariel, sí, para la reconciliación de los pueblos ibéricos e iberoamericanos. Porque, como el dios Jano, la península ibérica mira hacia dos universos distintos: el Atlantismo y el Mediterranismo.





[1] E. d’Ors, “Imperialisme et liberalisme”, Glosari de Xénius MCMIX, Obra catalana completa, pp. 1084-1085.
[2] Citado por Ucelay-da Cal, en A. Gramsci, El Risorgimiento, Juan Pablos Editor, México, 2000, p. 204.
[3] Tomo el concepto de katechon de Carl Schmitt, el gran jurista alemán. Por cierto, Carl Schmitt estuvo por primera vez en España entre el 16 y el 19 de octubre de 1929 en el IV Congreso de Uniones Intelectuales celebrado en la Universidad de Barcelona. En aquella ocasión, en la que conferenció sobre Donoso Cortés, Schmitt conoció a Eugenio d’Ors. Véase de Alejando Martínez Carrasco, “Eugenio d’Ors y Carl Schmitt”, en Empresas políticas, núm. 14/15 (2010), pp. 35-51.  Descargar aquí
[4]Rodó, Obra completa, ed. de Emir Rodríguez Monegal, Aguilar, Madrid, 1967, p. 1263. Citado por María Saavedra, “El nacionalismo catalán hace cien años. Una mirada rioplatense: José Enrique Rodó en Barcelona, 1916”, en APORTES, nº85, año XXIX (2/2014), pp. 107-132.  Descargar aquí

viernes, 27 de octubre de 2017

El futurismo ruso: vivimos en una nave

En diciembre de 1912, tres años después del primer Manifiesto futurista de Marinetti, los escritores rusos David Burljuk, Kricenych, Velemir Chlebnikov y Vladimir Maiakovsky redactaron otro manifiesto, al que le pusieron de título Bofetón al gusto del público. “Hay que echar a Pushkin, Dostoievski, Tolstoi, etcétera, de la nave de nuestro tiempo”, declararon con el mayor desparpajo. Necesitaban andar ligeros de equipaje para la conquista del espacio exterior. Los libros, lo sabían, son lo que más pesa. El pasado.  

Me pregunto, cien años después del manifiesto de Maiakovsky y sus amigos, si no vivimos en una nave espacial. Muy pocos habitantes del planeta poseemos una casa con jardín o huerto. Nuestras megalópolis han engullido pastizales, potreros, campos abiertos, cementerios. Por ellos corren avenidas saturadas de tráfico que llevan y traen seres bípedos, robotizados, de sus lugares de trabajo a sus apartamentos apretados como cajas de fósforo. Cada habitante se encierra en su cabina y se acuesta en su camarote a masturbarse de tecnología.

Hasta tal punto vivimos en una nave que pasamos la mayor parte del día en el asiento de un automóvil, agarrados a los barrotes del metro o el autobús. Nuestro índice se desliza por la pantalla táctil de un teléfono. Llevamos en el bolsillo el dispositivo de un satélite, al que le da lo mismo si leemos a Pushkin, Dostoievski, Tolstoi, si escribimos sobre Espinosa o García Márquez, si consultamos el Facebook o vemos pornografía.
En cualquier caso, más que fríos blindajes dando vueltas alrededor de la estratósfera, los satélites son ángeles secularizados. Ángel se decía en griego αγγελοι y en hebreo Malachim, o también Elohim, lo que en cristiano llamamos mensajero. A ellos elevo un ruego para que, en la atropellada autopista de la información, me permitan echar reversa, ir en busca de mis recuerdos.
Durante mis estancias de un país a otro, desde que dejé de residir en Colombia a mediados de 2008, he procurado llevar conmigo los libros de Espinosa. El recuerdo de nuestras pláticas. Llevo ambas cosas, junto con los de mi tía pintora, en mi nave espacial.